miércoles, 25 de junio de 2008

biografia breve PINTORES

JUAN MANUEL BLANES
...Juan Manuel Blanes, nacido el 8 de junio de 1830 en Montevideo, un mes antes de conseguir su patria la soberanía, está sentado en los umbrales de la pintura uruguaya como un todopoderoso. Afortunado fue el Uruguay de contar desde sus primeros años entre sus ciudadanos, a quien era capaz de dejar creada por su arte y oficio y su responsabilidad patriótica, la imagen documentada y bella de la gesta de su Independencia recientemente conquistada y de los años de consolidación de su libertad. El relator, documentador e ilustrador de la historia nacional en sus comienzos, era de una tal categoría y de una multiplicada acción que el pueblo oriental lo ha elevado a un plano excepcional, asimilándolo a las filas de sus mejores héroes. "Ningún pintor en Sud América consiguió la admiración de Juan Manuel Blanes", dice José León Pagano en su Historia del Arte Argentino. Luego de la muerte, la consideración de su pueblo continúa intacta. Con su nombre se denominan calles principales e importantes instituciones.

Fue Juan Manuel Blanes un académico naturalista; uno de esos grandes académicos naturalistas que se dan en el siglo XIX, de oficio impecable en su solvencia y en su aliento vigoroso y fuerte; uno de esos grandes académicos que de tanto en tanto desbordan en alguna obra importante el férreo corsé al que se han sometido. Desde los estudios se advierte a artista que hace vibrar al molde. Véanse sus dibujos de trazados de perspectiva y proyecciones: tienen la exactitud geométrica más cuentan también con la animación artística; las anatomías son tan fieles como sensibles.

Su ciudadanía le dio a este académico la senda preferente del naturalismo. La poca frecuentación de museos le quitó felizmente el gusto de la alegoría neoclásica escasamente presente ,en su obra, y en la que se hundieron numerosos cultores del academismo europeo, cuyas obras resulta insoportable mirar por estar vacías de todo sentido o aplicación actual. Maestro de su propia vida, no perdió el tiempo en motivos seudo clásicos, como también muy raramente excedió sus trabajos en las anécdotas pueriles. Lo que pintó lo lego a la historia de hombres, de hechos y de costumbres. Fue en esta misión algo mas que un mero cronista o ilustrador, artesano artístico del mundo oficial. Tuvo unidos a su solvencia de oficio, severidad de información, cultura de indagación, convencimiento patriótico y dignidad de su labor; fue, en consecuencia, un excelente pintor de la historia.

La razón que guió toda su obra y toda su vida de artista, poderosamente juiciosa y estática, le indicó la senda del relato histórico, aunque también la misma razón le privó de más altas intenciones estéticas: la de sacar provecho de sus arranques o intuiciones artísticas. Si gran parte de la obra de Juan Manuel Blanes ha tomado el camino de los museos y archivos históricos, vale decir, que se ha comprendido que su valor estético está puesto sólo al servicio de una imagen documental, demostrando a las claras la intencionalidad extra-artística de Blanes - oficialismo a veces confundido con el aparato y la teatralería, o convencionalismos de la dignidad - no es menos cierto que mucho valor propio de las artes y del espíritu sostienen el vigor de la narración de sus imágenes.
Juan Manuel Blanes inicia en Montevideo su aprendizaje con maestros locales o mejor aún, con admiraciones locales.
Blanes viaja a Europa con total sumisión de aprendiz sin que le mellen las admiraciones locales conquistadas. Va a la búsqueda de una reiniciación certera desde el dibujo y acude a Florencia donde el culto del dibujo se guarda, se explica y se enseña, y obtiene el máximo altar: la Academia de las Artes del Dibujo de Florencia, de un dibujo torneado, de sutiles pasajes del claroscuro, de las sombras trabajadas hasta el infinito, de los escorzos de las figuras para simular lo tridimensional en las superficies planas; el dibujo estatuario, quieto, inmóvil, de silencio digno. Blanes lo estudia con el Prof. Antonio Ciseri y perfecciona el recorrido de las sombras a las luces, llenando las superficies de sus cuadros con pinceladas que modula con un amor incalculable que ennoblece el oficio, acusando la morbidez del tránsito de unas a otras.